sábado, 5 de diciembre de 2015

UN VIAJE MUY ACIDO (Cuento)


1.

Era una noche como cualquiera, una de esas en la que los amigos se reunían para pasar el rato a compartir las cosas que habían acontecido en la semana. Aficionados a las sustancias ilícitas, Jerik Lurmi y Eriem, se disponían a preparar el producto color celeste que había conseguido Lurmi obtenido en su nuevo negocio. Les contaba a sus amigos que se había agenciado este producto de su proveedor sin que él se diera cuenta. Según lo que había escuchado prometía darles un viaje como ningún otro.
 
Jerik se puso en pie y dispuso los implementos de siempre para preparar la dosis para todos. Sin embargo, el alcohol que habían estado consumiendo había tenido efecto en sus sentidos, distorsionando su pulso y visión, pues no se dio por enterado que se había excedido en una de las dosis, por estar espantando unas moscas que lo atormentaban.
 
Eriem jugaba con un viejo bate de baseball metálico, lanzando batazos al aire y gritando jubiloso como si hubiese conectado el golpe ganador a una extraña bola imaginaria que por alguna funesta razón visualizaba con el rostro de alguien a quien le guardaba un terrible rencor. Celebraba emocionado.
 
Lurmi, terminaba su vaso con licor y se acercaba tambaleante donde Jerik reclamándole por la demora. Su amigo, al verlo señalo con un gesto hacia la mezcla que se encontraba lista para servirse.
 
Los tres se reunieron alrededor de la vieja y maltratada mesa de comedor que Jerik había conseguido barata en un remate. Lurmi, continuaba contándoles lo que sabía del producto y de lo especial que parecía ser. Lo habían conseguido de un laboratorio en el centro donde se realizaban pruebas médicas. Se rumoreaba que este era un proyecto destinado para el tratamiento del sueño y que fue desactivado por los efectos secundarios que tenía en los sujetos de prueba, ya que resultaba extremadamente alucinógeno, tornando a la gente muy violenta. Sin embargo, su “Alquimista”, como lo llamaban en el entorno, había hecho ajustes que permitían eliminar los riesgos mencionados. Los clientes a los que se les habían vendido el producto regresaban satisfechos por más sin mostrar efectos perjudiciales.
 
Le explicaron los detalles del trabajo necesario para prepararlo y masificarlo. Como todo producto nuevo su distribución pudo realizarse a un buen costo. La respuesta fue inmediata y la demanda se disparó en la primera tanda que sacaron. Los clientes habituales los buscaban desesperados pidiendo una nueva dosis. Muchos de ellos mencionaban experiencias alucinantes jamás antes experimentadas.
 
Lurmi no podía dejar pasar la oportunidad y ante tal respuesta se dispuso el ponerla a prueba. Llamó a sus viejos amigos para reunirse y aprovechar la oportunidad para brindar.
 
Vertieron la dosis en un vaso con agua helada, tomando una coloración azul intensa al principio y conforme lo mezclaban en el agua se iba aclarándose, tornándose celeste. Levantaron los vasos y brindaron hasta ver el fondo del vaso.
 
Se miraron por unos segundos a la espera de los efectos.
 
Nada.
 
Lurmi extrañado pensó que lo habían engañado con el producto o de repente se había equivocado en la mezcla. No se había percatado que estaba levantando la voz enfurecido. Jerik se reía a carcajadas de la situación pese a encontrarse deprimido. Eriem, tomo nuevamente el bate y se puso a golpear al aire, sentía que sí o sí hoy lograría conectar un Home Run.
 
Lurmi, es de esas personas que durante su vida había sufrido mucho. Perdió a su padre a muy temprana edad. Su madre lo maltrataba siempre que podía ya que tendía a estar más tiempo fuera de casa trabajando para poder cubrir los gastos, pero cada vez que estaba en casa se la pasaba haciéndolo culpable por cualquier cosa que se le ocurriese sin dejar de propinarle una buena tunda.
 
Su frustración fue tan grande que perdió las ganas de continuar en este mundo tomando una terrible decisión. Ese día estaba dispuesto a lanzarse del Puente de La Guardia, donde la profunda caída conducía a un empedrado amplio por el que alguna vez se vio correr el Rio de la Cuerva. Sin embargo, el destino tenía planeado otra cosa, pues fue por esos malabares del destino fue ahí donde conoció a Eriem, quien coincidentemente había tomado la misma decisión. Al verlo, Lurmi recobró el sentido y se acercó donde el delgado, pálido y depresivo muchacho que permanecía inmóvil del otro lado de la baranda, quien al verlo no dejó de observarlo como si hubiese visto al mismo diablo.
 
Así fue como se conocieron y se hicieron amigos. Jerik se les unió meses después. Un muchacho de gran carisma y de familia acomodada, pero su forma desenfadad de ver la vida lo alejó de todas las comodidades que su familia le ofrecía, sumergiéndose en la crueldad del mundo real y un vida dura sin lujos. A parte de ello, Jerik tenía una condición física desde muy pequeño, consecuencia de un accidente de tránsito en el que se vio afectado junto con sus padres, que a pesar de años de tratamiento, quedó con una marcada cojera y un intenso dolor que debía controlar con medicamentos. Así fue como conoció a Lurmi, pues al buscar una medicina efectiva que le calme el dolor terminó aterrizando en el mundo de las drogas.
 
Lurmi continuaba consternado luchando entre la frustración de haber sido engañado y la decepción de que Jerik se pudiese haber equivocado al prepararlas las dosis. Eriem lo miraba con aire divertido, mientras balanceaba el bate, hasta que se percató de la pequeña figura oscura semejante al de una niña que se asomaba detrás de la mesita, observándolo fijamente con sus grandes e intimidantes ojos color celeste.
 
Eriem se quedó hipnotizado mirándola moverse rápidamente, como si tratase de ocultarse de los otros amigos. De repente ella saltó de un lado a otro de la habitación, de una pared a otra, con una gracia y velocidad sorprendente.
 
Jerik, no dejaba de carcajearse brotándole las lágrimas a chorros. De repente, un ruido extraño puso fin a su alegría de golpe, un golpe que hizo un eco perturbador en la habitación.
 
Lurmi, volteó a mirar que había sido ese ruido cuando sintió el fuerte impacto en el rostro, haciéndolo girar sobre sus talones cayendo pesadamente al piso. El cerebro le continuaba dando vueltas. La droga, el alcohol y el golpe que había recibido, convirtió en un desastre su visión. Trataba de enfocarse en aquello que lo había atacado pero solo logró ver una extraña figura oscura con unos grandes ojos celestes escalofriantes que le contemplaban con asombro y curiosidad a escasos centímetros de él. Estiró uno de sus brazos tratando de atraparle pero este no le respondió como esperaba. Cuando parecía ya tenerlo a distancia de una exhalación, sintió el segundo golpe lanzándolo a la inconciencia.
 
2.
 
Lurmi despertó con un fuerte dolor de cabeza. Se llevó una mano a la zona donde el dolor le punzaba y por unos segundos sintió un húmedo y viscoso calor. Miró esa mano pero no había nada. El dolor punzaba terriblemente desde la coronilla. Su desorientación le impidió darse cuenta inicialmente donde se encontraba. Solo hasta el momento en que intento ponerse en pie se dio cuenta que estaba sentado dentro de un auto. Tomó varios minutos para ubicarse. Era un auto antiguo, aparcado a un lado de la calle. No reconocía el lugar, no era su auto, pero sabía que ya no se encontraba en el apartamento de Jerik.
 
Las primeras luces del amanecer aclaraban en el cielo. A unos metros, se encontraba un hombre mayor que acomodaba los periódicos recién llegados en su puesto. Se preparaba para empezar un día más de trabajo.
 
Lurmi salió del auto con dificultad y se acercó donde él, tambaleante. Se puso a su lado y le saludo aún confundido. El anciano le respondió el saludo y le pidió que esperase unos minutos mientras terminaba de acomodar las cosas para poder atenderlo.
 
En los titulares de los diarios vio algo que lo dejo perplejo. “Combate Estelar” era una película que tuvo mucho éxito hace más de 30 años y que según el periódico era anunciada como el estreno de la semana con muy buenas críticas. Pensando que se trataba de una broma, se acercó para validar las fechas de los diarios. Julio 1977. Muy consternado, se acercó donde el anciano y le pregunto por la fecha, quien le confirmó su temor inicial. Trato de entender lo que sucedía, pero el dolor que le retumbaba en la cabeza no le permitía pensar con claridad.
 
Por la misma calle bajaba una joven, ensimismada en sus pensamientos, sin percatarse lo que sucedía a su alrededor. Su rostro se debatía angustiosamente entre los problemas que le aquejaban, mientras en sus ojos se evidenciaba la rojiza marca de haber llorado por largo rato. Sus brazos cruzados a la altura de su pecho sujetaban un bolso grande de tela verde con diseños impresos de una caricatura felina muy popular con varias figuras de niños jugando a su alrededor. Cuando sintió el golpe, fue demasiado tarde, cayó al suelo logrando colocar instintivamente las manos por delante para evitar un impacto mayor. El bolso verde voló a unos metros. A su lado un joven alto de cabello alborotado y aspecto desaliñado caía junto con ella.
 
La miró y sintió una corriente eléctrica que recorrió por todo el cuerpo, casi al punto de sentirse noqueado mentalmente. Se levantó cual resorte y la ayudó a la joven para que se reincorpore. Muy avergonzado se disculpó con ella y le ofreció compensarla por lo ocurrido. Ella se disculpó también por estar distraída y no haberse fijado por donde caminaba.
 
Todo este día parecía ser parte de un perverso sueño, un viaje ácido más allá de todos los que había tenido anteriormente, pero que era tan real.
 
Le ofreció llevarla a casa. Como era de esperarse ella le miró con cierto temor y se negó. Trato de no insistirle de tal forma que ella no se alejara de él pensado que estaba loco, algo que ni él mismo estaba seguro de que no lo estuviera.
 
Buscó un tema de conversación y habló lo primero que se le vino a la mente, contándole acerca de la Serendipia, el hecho fortuito de dar con algo o alguien de forma inesperada sin siquiera estarlo buscando, y como ese hecho podría traer consecuencias que pudieran cambiar de alguna forma el destino de alguien. Ella lo miraba entre fascinada y confundida, pues no tenía la más mínima idea de a qué se refería. Sin embargo, lo dejo continuar con su conversación.
 
Él continuó con su exposición como si de un experto en la materia se tratase. Al final, ella aceptó su oferta con cierto temor. Lurmi le abrió la puerta caballerosamente y le extendió la mano para ayudarle a entrar. Olina, era una joven de 26 años, cabellos largos castaños, delicados rasgos que le hacían parecer estar siempre preocupada por algo pero a su vez de tierna expresión. Lurmi rodeo el auto y subió rápidamente, se acomodó lo mejor que pudo en su asiento mientras colocaba la llave en el contacto. Volteó a mirarla, aún sorprendido de verla ahí con él. Ella volteó temerosa y le preguntó si sucedía algo, él reaccionó y se disculpó. Trató de encender el vehículo pero no pudo. Estaba nervioso. Analizó por unos segundos la situación, repasó nuevamente el tablero del vehículo y volvió a intentarlo. El auto encendió y le preguntó a donde debía llevarla.
 
La garganta se le secó. No sabía que decir. No tenía ni la más ligera idea de lo que estaba pasando ni como había terminado en este lugar, en este tiempo, en estas circunstancias. La joven que se encontraba a su lado, con quien se había tropezado de la forma más inexplicable posible, era su madre 30 años más joven. Las ideas se le atropellaban una tras otra mientras buscaba una explicación, tratando de entender lo que estaba sucediendo. La veía repetidamente, la escrutaba al detalle hasta que en un momento en que Olina acomodó el gran bolso verde que abrazaba celosamente, alzando los brazos hasta la altura de su pecho, dejando al descubierto su sobresaliente panza. Estaba embarazada.
 
Sus manos apretaron duramente el volante, la vista se le volvió a nublar haciéndosele una gran mancha difuminada de colores. El dolor que sentía en el tope de la cabeza, del cual había logrado pasar por alto, se intensificó notoriamente. Por un instante pensó que perdería la conciencia. En ese instante que estaba a punto de caer en blanco, sintió el cálido tacto de Ella. Fue como un golpe que lo hizo reaccionar retomando el control del vehículo. Él volteó a verla y en su mirada se transmitía preocupación, verdadera preocupación por él.
 
Tantos años de maltrato causado por ella en su futuro, tanta humillación, le hicieron desear en varias ocasiones no haber nacido y si hubiese tuviese tenido la oportunidad de poder evitarlo la hubiera aprovechado sin dudarlo para así ahorrarse todo ese sufrimiento, pero ahora, por alguna inexplicable razón deseaba que todo fuese diferente, deseaba poder saber en qué momento fue que todo se torció y poder evitar ese momento. Corregir las cosas para que todo sea mejor para ambos en el futuro.
 
Le preguntó si se sentía bien. Él la miró sonriéndole y asintió con la cabeza, dándole a entender que ya todo había pasado. Ella se disculpó y empezó a hablar acerca de ella, de lo difícil que era su vida. Lo complicado que era todo. Sus padres no la entendían, la culpaban de todo y todo era una decepción tras otra.
 
Él conocía muy bien ese sentimiento y se dio cuenta que tenía varias cosas en común con ella y sucedió algo que jamás pensó que sucedería, logró comprender el por qué ella se comportaba así con él en el futuro. Trató de consolarla y darle ánimo. Que si bien la vida era difícil, solo nos preparaba para cosas mejores y poder darnos la capacidad de superar las pruebas que se nos presenten más adelante. Especialmente si se encontraba embarazada. Ella le sonrió y le agradeció su ayuda y sus palabras.
 
Lurmi pensó que todo podía ser posible esta noche. Todo podía ser mejor.
 
Una luz brillante se reflejó por el espejo retrovisor, al parecer un auto venía con las luces altas, cegándolo por unos segundos. Al acomodar el espejo vio una figura oscura sentada detrás de ellos mirándolo con sus escalofriantes ojos celestes. Al ver esto piso el freno de golpe y volteó para revisar el asiento trasero. No había nadie.
 
Nervioso, la miró a Olina, quien parecía más asustada que antes. Él miró a su madre, se disculpó y encendió el auto para continuar el viaje.
 
Pensó por unos segundos que era su imaginación, pero ya no estaba seguro de que era real y que no. No pasó mucho tiempo cuando la volvió a ver por el espejo lateral de su lado. Aceleró. Sabía que el ver a esa figura no podía ser algo bueno.
 
Un semáforo marcó luz roja, obligándole a detenerse. Olina le preguntaba qué sucedía pero él no sabía que decirle, toda la adrenalina en su cuerpo se encauso hacía un único e irrefutable arranque instintivo de supervivencia contra aquella siniestra niña oscura. Volvió ajustar el retrovisor y la vio nuevamente, parada detrás del auto, saludándolo burlonamente.
 
Tal fue su desesperación que no esperó al cambio de luz y aceleró a fondo. Logró esquivar a tres autos delante de él para poder ganar terreno y alejarse. Miró nuevamente el retrovisor y su miedo se disparó. La figura oscura venía corriendo detrás de ellos y cada vez se acercaba más. Dio un giro desesperado lanzándose contra el tráfico hacia la avenida de La Marcha, por unos segundos esquivó a varios vehículos, pero no por mucho tiempo.
 
Al llegar al cruce con la avenida de la Misericordia, el cambió de luces fue inevitable, haciendo que los autos que venían del cruce configurasen una tragedia. Un camión logró esquivarlos por poco, pero perdió el control al rompérsele el eje delantero ante la maniobra quedando sobre la vereda. La suerte no les duró mucho tiempo, ya que otro vehículo venía directamente hacía ellos, al parecer no le funcionaron los frenos, impactándolos frontalmente. Un segundo vehículo no pudo esquivarlos arremetiendo contra los dos y otro auto que venía en sentido contrario alcanzó de lado a un vehículo rojo desestabilizándolo haciendo que diese dos vueltas en el aire y terminase a 3 metros de distancia sobre un puesto de periódicos.
 
Lurmi que no se había colocado el cinturón de seguridad había salido con el primer impacto proyectado violentamente hacía delante haciendo pedazos el parabrisas con la cabeza. El tiempo se hizo dolorosamente lento. En su viaje hacía el poste de electricidad que le detendría con furia su vuelo, logró ver a su madre, quien permanecía aún en el auto gracias a que ella si había logrado colocarse el cinturón de seguridad, pero que por la fuerza de los impactos se sacudía grotescamente. Su vista se enfocó en el pedazo de metal que volaba en dirección a ella para incrustarse en su cuerpo. Él cerró los ojos esperando que realmente esto sea solo efecto de la droga, una terrible alucinación. Abrió los ojos, la desgracia no había quedado complacida, en el auto al que impactaron frontalmente había una pareja atrapada entre los fierros retorcidos. Sus cuerpos ya no daban señal de vida alguna. En el asiento trasero un bebe se encontraba llorando desconsoladamente, atrapado en su asiento de seguridad, el aparénteme lo había salvado. El delgado y pálido bebe lo vio directamente entre mares de lágrimas y sangre. Esa mirada le atravesó el alma, pues se le hizo tan conocida esa expresión que no pudo sacársela de la cabeza.
 
El otro auto que había volado por los aíres se encontraba a unos metros y logró ver en su interior a una mujer que gritaba desesperada mientras trataba de liberar la pierna de su pequeño hijo el cual parecía inconsciente.
 
Fue en ese preciso instante, mientras el poste dispersaba todos sus pensamientos e ideas por varios lugares junto con el resto de su cerebro, en que se dio cuenta que aquellos niños eran sus amigos: Eriem y Jerik.
 
3.
 
Lurmi abrió los ojos con un terrible dolor de cabeza. Se encontraba en el cuarto de un hospital conectado a una serie de tubos y cables provenientes de aparatos que solo había visto por televisión.
 
A un lado de la cama se encontraba su madre, Olina, una mujer de alrededor de los 60 años a quien le tenía mucho temor y a su vez mucho rencor pues desde muy pequeño lo trataba muy mal y conforme crecía lo iba tratando peor, es por ello que él decidió hacer de su vida lo que era, llegando a desear en algún momento no haber nacido nunca con tal de evitar todo ese sufrimiento.
 
Sin embargo, se encontraba nuevamente en esta situación. No entendía que había pasado, ni donde o cuando estaba.
 
Olina se dio cuenta que había despertado el joven y lo miro con expresión de preocupación y tristeza en sus ojos. En ese instante recordó a la joven angustiada que conoció y que resultó ser ella más de 30 años atrás. Su corazón volvió a sentir la calidez del cariño que le profesaba en ese entonces.
 
Ella se puso en pie y le tomo por la mano. Lurmi sintió su calor haciendo que su cuerpo se estremeciese. Segundos después sintió su fuerza, pues empezó a apretárselas como antesala a la tormenta que se iba desatar.
 
Eriem era un joven bastante frágil y desequilibrado. En varias oportunidades había buscado la forma de quitarse la vida pues su depresión era constante desde que perdió a sus padres en aquel violento accidente de tránsito. Quedó al cuidado de sus tíos, pero ellos sellaron el resto de su vida, haciéndolo vivir maltratos que jamás hubiese imaginado. Escapó de la casa y se sumergió más hondo en el mundo de las drogas y todo lo que tuvo que hacer para conseguirlas. Sintió que su vida tocó fondo y que debía ponerle un fin definitivo, hasta que encontró una razón extraña para seguir, la noche que conoció a Lurmi en aquel puente.
 
En alguna parte de su memoria su rostro se le hacía familiar. Durante todo este tiempo tenía la sensación que lo conocía pero nunca estaba seguro de dónde pero tal fue su obsesión que decidió permanecer a su lado. Hasta la nefasta anoche en que recordó todo.
 
Tomo el bate y se dispuso a poner fin al origen de su dolor, pues para Eriem todos eran culpables de lo sucedido en su vida, atacándolos a ambos.
 
Jerik fue golpeado salvajemente, quedando poco que reconocer para sus familiares entre el amasijo de sangre y sesos esparcidos por el piso. Justo cuando se disponía a ensañarse con el cuerpo inconsciente de Lurmi, entró la policía, quienes habían sido alertados por los vecinos ante los destrozos que estaban causando, abatiendo a Eriem de 4 disparos. Murió al caer al piso.
 
Lurmi fue trasladado de emergencia al hospital para tratar de salvarlo. Había perdido mucha sangre y el traumatismo severo que tenía en la cabeza solo podía ser salvado por un milagro.
 
A su mente volvieron las imágenes del accidente donde los pequeños Eriem y Jerik se encontraban llorando desesperadamente en medio de la tragedia que había causado hace más de 30 años. Y ahora sus vidas habían llegado a su fin, culminando el mal que había iniciado en ese entonces.
 
Su madre continúo reprochándole como siempre lo había hecho durante toda su vida. Siempre había sido una decepción, un inútil, un bueno para nada. Su vida hubiese sido mejor si nunca lo hubiese tenido. De nunca haberle hecho caso a su padre.
 
Lurmi continuaba sumergido en su confusión, analizando lo sucedido antes y después, recordando que su madre había resultado herida en el accidente. Recordó la pieza de metal que volaba hacía Ella y al parecer le terminó atravesado el vientre
 
En susurros solo repetía una y otra vez que Él debía haber muerto en aquel accidente, pero sobrevivió. Debió haber muerto en el accidente, pero sobrevivió. Debió haber muerto en el accidente, pero sobrevivió. Esto no podía estar sucediendo, no podía ser real, todo debía tratarse de un sueño, una alucinación increíble causada por los efectos de la droga. Los efectos secundarios que le habían dicho en un principio antes de masificar el producto.
 
Ella escuchó su balbuceo, cayendo en la cuenta lo que estaba diciendo, pues nunca le había dado a su hijo detalles acerca de ese accidente.
 
Lurmi la miró a los ojos y le contó lo que sabía del accidente hace 30 años y de lo terrible que había sido, pero ¿cómo Él podía seguir vivo entonces? si aquella pieza de metal le había atravesado.
 
La mujer no podía creer lo que escuchaba, quedando en silenció mientras tomaba asiento. Le miró con lágrimas en los ojos y le contó que aquella noche, en ese accidente, efectivamente perdió al bebe que llevaba en su vientre por más esfuerzo que hicieron los médicos de salvarla. Era Ella o su bebe. Su pareja tomó la decisión de salvar a su esposa.
 
Sin embargo, las consecuencias fueron peores ya que el daño que recibió fue tan severo que ya no podría tener más hijos después de eso.
 
Años después, junto con su esposo tomaron la decisión de adoptar a un pequeño que resultaría siendo Lurmi. Justo en el momento en que ella pensó que la vida le compensaba de alguna manera, su esposo muere consecuencia de un extraño accidente al tratar de salvar a su pequeño hijo, dejándolos abandonados a Ella y a Lurmi de 2 años. Eso hizo que su corazón se endureciese nuevamente y mucho más. Más aún cuando el hijo que ahora tenía a su cuidado conforme iba creciendo se iba pareciendo más y más a aquel hombre que conoció hace 30 años, aquella noche que pensó que todo podía ser mejor, aquel hombre en que decidió confiar y que finalmente causó el accidente en el que perdiese a su hija no nata y la dejase incapaz de tener más hijos.
 
Ella se fue sollozante de la habitación, no sin antes maldecirlo por última vez.
 
Lurmi, continuaba en la luna, sin entender pasado ni presente o si existía realmente un futuro para él ahora que lo había perdido todo. La respuesta la encontraría en breve ya que de haberse dado cuenta de las tres oscuras figuras con escalofriantes ojos celestes asomándose al pie de la cama. Una figura de una niña y dos jóvenes delgados, cuyos rostros reflejaban una furia inimaginable, quienes harían que se lance por la ventana de su habitación, desde el piso 17 del Hospital en que se encontraba
 
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domingo, 28 de abril de 2013

SOLITUVIRE IMPERESIBILE (Cuento)

Era otro día frio, otro amanecer temprano, otro día que llegaba sin que hubiese sido llamado. En su cabeza tañían las campañas que delataban el efecto de aquella botella vacía que se encontraba en su mesa de noche, que irónicamente le incitaba a seguir adelante, a pesar que yacía tan horizontal como él.


Con dificultad se arrastró fuera de su cama, a pesar que las sabanas le seducían con su terso tacto y el sueño lo sujetaba con la fuerza de un deseo frustrado. La costumbre lo obligaba, la obligación era su necesidad, su necesidad era su motivación, aunque bien sabía que no quería esperar más de lo mismo, día tras día, más su terquedad lo forzaba a no darse por vencido.

Se dirigió al baño y se enjuagó el rostro con agua helada, le ayudaba a despertarse mejor. Se contempló frente al espejo por unos segundos, los cuales se volvieron minutos al percatarse que en el centro del espejo había aparecido una mancha oscura, entre gris y verduzco, que conforme más la miraba parecía estar girando hacia la izquierda, luego a la derecha como si se tratase de un remolino pequeño, luego se detenía y volvía a empezar otra vez revolviéndose entre sí. Extendió su brazo mientras trataba de tocarlo con su temblorosa e indecisa mano, pero conforme se acercaba al espejo la extraña mancha empezaba a desvanecerse.

La contempló por unos minutos más, hasta que simplemente se desvaneció por completo. Ya antes había visto cosas extrañas en su vida, pero esto era algo nuevo. Lo nuevo era bueno, le mantenía con la mente activa y en marcha para poder continuar circulando sin perder el juicio, especialmente desde que todas las personas desaparecieron.

No recordaba exactamente como sucedió todo, fue un día común y corriente, pero tan raro como este. Se despertó con la dificultad de siempre, más aún cuando el clima decidía cambiar de cálido a frio de forma radical. Ese día llegó particularmente temprano a su oficina y empezó a poner en orden una que otra cosa que había quedado pendiente el fin de semana. Conforme pasaba el tiempo se percató que ya era hora y media pasada la hora de ingreso y que no había llegado nadie más, así que decidió ir al puesto de vigilancia para hablar con los agentes. No estaban. Salió por la puerta principal para contemplar la avenida por donde había llegado y no había vehículos circulando.

Mantuvo la calma, su mente racional aceleró sus pensamientos, forzó su corazón a bajar su ritmo y a pesar de ello alertó sus miedos disparando su imaginación a niveles insospechados. Se dirigió a su oficina, tomo el teléfono y justo cuando se disponía a marcar, algo lo hizo cambiar de opinión. Se quedó pensando por un buen rato, ¿estaría pasando esto realmente? ¿Se trataba de un sueño? o peor aún ¿una pesadilla de esas alucinadas que sabia tener? Era algo que ya había pensado en varias ocasiones, pero que nunca lo creyó posible, el deseo de estar solo para poder estar tranquilo, poder pensar en muchas cosas. ¿Sería posible que ahora pudiera estar viviendo eso? ¿Sería posible que el hubiera causado todo esto? o simplemente ¿había muerto y no estaba enterado?

Claro, esas fueron sus principales ideas inicialmente, al final de cuentas siempre se consideró una persona solitaria y esta sería la oportunidad de poner a prueba todo aquello que había pensado para aislarse del mundo.

Sin embargo, el tiempo logra poner a prueba todas las teorías y en este caso la suya demostró ser defectuosa y equivocada.

Los días pasaban y las cosas se volvían monótonas. No es que antes no lo fueran, sino que antes siempre había algo con que distraerse, pero ahora no había esa variante para lo inesperado, eso a lo que normalmente llamaba “El Factor Humano”. Y aún así, a pesar de la situación en la que se encontraba, mantenía los estándares y la compostura social como si nada hubiese pasado. Era alguien de costumbres más no de tradiciones.

Entonces llegó ese día en particular, llovía como si el cielo augurase una tragedia. Caminaba por la calle y veía el agua oscura correr por al lado de las aceras, pensando en cómo fluían las cosas según las circunstancias, sin orden, en un caos que creemos poder controlar. Y como si se tratase de un eco, escuchó una voz que le llamaba. Miró a todos lados pero no vio a nadie. Continuó su paso y volvió a oírla. Esperó por un instante, miró en todas direcciones. Las calles continuaban vacías como desde hacía varios días. Se dirigió a su departamento y al llegar frente a la puerta de vidrio del lugar, vio la misma mancha oscura que observó en su baño días atrás. La mancha se veía arremolinada y de un color negro y rojizo. Cruzó la puerta tratando de ver si la mancha se encontraba del otro lado, pero ya se había desvanecido.

Subió a su departamento, se dejó caer en su cama. Su mente estaba llegando a un punto en el que las cosas se habían tornado aburridas y una sensación extraña crecía en su pecho. Trato de poner su mente en blanco y lo único que consiguió fue quedarse dormido.

Se levantó al día siguiente, el sol brillaba desde temprano y sus rayos entraban por la ventana dándole directamente en la cara. Parecía uno de esos días en el que todo era posible. Se levantó de mejor ánimo. Tomó una ducha y se vistió como todos los días para dirigirse a la oficina. Justo cuando se disponía a salir volvió a escuchar esa voz, una voz femenina que le llamaba. Sonaba triste, acongojada, pero a su vez sonaba lejana y familiar. Buscó en el departamento, en su habitación, en los demás cuartos y la voz continuaba, pero esta vez sonaba desesperada. Pensó estarse volviéndose loco, demasiadas cosas raras, tantos sucesos extraños, era extraño, pero a estas alturas se dio cuenta que extrañaba tantas cosas.

Un grito apagado lo sacó de su ensimismamiento y volteo en dirección de donde pensó provenía el grito, solo para verse a sí mismo en el gran espejo que colgaba en la pared de la sala. En él vio nuevamente la mancha oscura, pero era más grande, más siniestra, con uno tintes grises y esmeralda arremolinándose en el centro, desprendiéndose de su borde una serie de caóticos tentáculos.

Dispuesto a averiguar finalmente de que se trataba, se acercó al espejo y dirigió su mano directamente hacia la mancha topándose con su superficie plana y fría. Esperaba que sucediese algo más. Y así fue. Su corazón se encogió, una sensación helada se inició en su pecho al ver que mano empezaba a sumergirse en el espejo sintiendo una humedad gélida y gelatinosa. Sin embargo, las cosas se sintieron más extrañas al momento que llegó a un tope suave, como si se tratase de una sinuosa lámina blanda y flexible. Presionó y presionó hasta que escuchó claramente un crujido al momento que se quebró, logrando atravesar la frágil barrera.

En ese momento el tiempo se congeló, una terrible sensación de vacío proveniente de su estomago subió dolorosamente hacia su pecho, del cual una mano negra chorreante se abrió paso mostrándole su corazón aún latiente y empezó a presionarlo brutalmente hasta hacerlo una maza de carne irreconocible.

Su reflejo empezó a reírse descaradamente, burlándose de él, de lo que había hecho, de lo que era, de la extraña realidad en la que se encontraba y detrás de él apareció la fantasmagórica figura de una mujer que reflejaba una gran tristeza.

///

A veces llega un momento en el que uno desea aislarse de todo, pero los deseos son algo que se deben desear con mucho cuidado, pues cuando menos se lo espera son concedidos de formas muy extrañas.

Tan extrañas e irónicas que para cuando llegó la ambulancia y los paramédicos trataron de reanimarlo, su corazón ya no quería responder. Según las versiones de las personas que lo conocieron, indicaron que desde hace varios días había estado demasiado extraño, iracundo, aislado del mundo. Dejó de interactuar con los demás y actuaba como si nadie existiera a su alrededor.

Incluso la mujer que vivía con él no pudo hacerlo entrar en razón. Todos los días despertaba a su lado y lo veía desde muy temprano sentado a un lado de la cama, inmóvil y con una botella de alguna bebida alcohólica vacía. Ella le hablaba, le animaba, le trataba de hacer entender que todo podía mejorar y que debía ser capaz de superar las dificultades, pero conforme pasaban los días se ponía peor y parecía como si no estuviese en este mundo o ella no estuviera en el suyo, nadie. Hubo momentos en los que parecía reaccionar brevemente pero aún así mantenía su ostracismo. Solo al final, pareció reaccionar por unos segundos y logró mirarla directamente a los ojos, solo para que su mente se hiciese pedazos y lo que quedaba de su vida se viese arrastrada hacia lo profundo de aquel oscuro e inmenso pozo sin fondo que permanecía todo este tiempo dentro de él, ese vacío infinito e imperecedero más allá de la muerte llamado soledad.

***

jueves, 27 de diciembre de 2012

LOS ULTIMOS DIAS DE LA CONCIENCIA (Cuento)

Lunes 24 de Diciembre, 20:15 horas.


Jennie se asoma por la puerta para despedirse. Me mira preocupada. Pareciese pensar en algo y me recuerda no olvidar el regalo que le había comprado a mi esposa por navidad. Sonríe pícaramente y me hace un guiño sugerente y se va, cerrando la puerta tras ella.

No puedo evitar reírme de su gesto y la vez un frio recuerdo empieza a escalar lentamente por mi espalda. Es una chica eficiente, muy empeñosa y dedicada, siempre dispuesta a darlo todo por superarse.

Trato por unos segundos de mantener esa idea. Sin embargo, mi memoria me traiciona trayendo a mi mente los recuerdos de aquella conferencia en Colombia a la asistimos por dos semanas. Me recuesto en el sillón y estiro los brazos para desperezarme, tratando de relajarme y recuperar el tren de pensamiento en el que estaba dando vueltas.

Miro hacia mi escritorio y me asalta la mirada de mi esposa en un marco plateado, sonriente, tan dulce pero con esa mirada que te hace imaginar que sabe absolutamente todo lo que podrías estar pensando. A veces me pone nervioso….me hace sentir culpable.

Me cubro el rostro con ambas manos y me froto suavemente los ojos con la esperanza de aclarar mi cabeza y tratar de entender lo sucedido.

Su nombre era Erkin Glenoe, según la policía, no existen antecedentes o registros que den pista de su paradero actual, ni referencia alguna de algún familiar. Por su aspecto, no pareciese ser de por aquí, ni siquiera de este país. Incluso tomando en cuenta lo opinión profesional de mis colegas, posiblemente ni sea de este planeta.

Su caso me llamó la atención desde un principio. Fue traído al hospital muy herido, consecuencia de un grupo de jóvenes que al parecer lo atacaron violentamente sin razón alguna. La policía intervino, alertada por los vecinos de la zona, rescatando al sujeto y trayéndolo de inmediato dada la aparente gravedad en la que se encontraba.

Recuerdo que era la noche del martes 11, me encontraba saliendo del hospital después de un día muy cansado de sesiones aburridas y monótonas; llenando reportes, preparando los informes para la junta médica y actualizando la base de datos de mis pacientes. Ese día en particular había decido bajar por las escaleras, con la finalidad de poder despejarme un poco, estirar algo las piernas. Al llegar al primer piso tome el corredor que lleva a la sala de emergencias. Fue en ese momento cuando escuche el alboroto. Al acercarme, uno de los enfermeros se encontraba inconsciente en el suelo mientras los guardias de seguridad tenían sus armas desenfundadas apuntando hacia algún lugar que no me era aún visible en la sala. Conforme me fui acercando, un sujeto cuyo rostro se encontraba cubierto en sangre, había logrado atrapar a la interna que lo estaba atendiendo, sujetándola por el cuello con una de las correas que usamos para asegurar los tanques de oxigeno, resguardándose detrás de ella.

Me acerque lentamente y les pedí calma a todos. Le indique a los agentes que bajasen sus armas y me dirigí hacia el sujeto. Le pedí que la soltara que nadie pensaba hacerle daño y que estábamos aquí para ayudarle, que no representábamos ninguna amenaza.

Levante los brazos para mostrar que no llevaba oculto nada y empecé lentamente a acercarme, pidiéndole que soltase a la doctora, quien ya empezaba a tomar una tonalidad morada en el rostro.

El gritaba que no quería estar aquí, que nada de esto era su culpa y que quería simplemente irse lejos de este lugar. Tenía cosas muy importantes que hacer y no tenía la intención de permanecer aquí más tiempo.

- Nadie quiere hacerte daño y es más que seguro que no quieres hacerle daño a nadie. Seamos justos, estamos tratando de ayudarte, mírate, estas herido, las personas que ves aquí han tratado de curar tus heridas y por alguna razón has reaccionado de forma violenta. Entiendo que estés confundido, alterado y asustado, pero no somos tus enemigos, queremos ayudarte y tu conducta está evitando que podamos hacerlo. Déjanos hacer nuestro trabajo, déjanos ayudarte. –

Seguía atentamente con la mirada el movimiento de los agentes y luego me miró a mí. Liberó a la doctora e inmediatamente me puse al medio, entre él y los agentes. Uno para ayudar a la joven e inconsciente colega y otro para evitar que los agentes se lanzasen contra él, que era lo que estaban esperando hacer ni bien la soltase.

- Déjenmelo a mí, yo me hago cargo. Ayuden a la doctora y al enfermero.-

Me acerque a él, invitándolo a que se sentase en una de las camillas. Al revisarlo, me di cuenta que tenía un brazo roto, unas costillas fracturadas, varias cortes en el rostro y el resto del cuerpo. Tenía que mandarlo a que le realicen exámenes para asegurarme que no tuviesen hemorragias internas. Dadas las circunstancias, ninguno de los presentes deseaba acercarse mucho a él. Era comprensible.

Me asegure que se le realizasen los exámenes correspondientes y gestioné se le internase para mantenerlo controlado. Debido al daño que había recibido no podía soltarlo a la calle nuevamente hasta no tener la seguridad de que estuviese mejor y más aún, no exponer a nadie ante algún otro episodio psicótico.

Al día siguiente, llegue cansado después de haber tenido una mala noche. Todo el jaleo que se armó en el hospital esa noche, solo era el preludio a lo que se desató en mi departamento por haber llegado tarde y arruinado la velada de aniversario con mi esposa. Es extraño como hay personas que no pueden ser capaces de separar los intereses personales de situaciones de mayor responsabilidad moral y ética. Tal vez, simplemente sea yo el que no entienda.

Jennie me recibió con una sonrisa maravillosa ese día y me dio la agenda que teníamos para ese día. Así mismo, me hizo entrega del expediente de Glenoe. Mi diagnostico inicial estaba muy próximo a los resultados obtenidos. El reporte de la enfermera de noche indicaba que el paciente había pasado la noche hablando en la oscuridad y exigiendo que lo dejasen ir. Hubo momentos en los que aparentemente trató de ponerse en pie pero se desplomó al suelo, teniendo que revisar que las suturas y demás acoples no se hayan roto. Me asustó un poco la idea de pensar en lo que hubiese sido capaz de no haberlo mantenido sedado.

Cancelé todas mis citas ese día y decidí ir a verlo. Por alguna razón me sentía curioso respecto a su caso. Al llegar me indicaron que había sido trasladado de la habitación 211-2 a la 231-2. La primera, era una habitación compartida, en la que se ubican cuatro pacientes separados por una cortina de tal forma que les da algo de privacidad. Glenoe, fue ubicado en la última cama al lado de la ventana que daba hacia la calle. Las personas con las que compartía la habitación indicaron que durante la noche se le escuchaba decir cosas muy extrañas y desagradables llenas de violencia, muerte y destrucción. Incluso hubo momentos en los que pensaron que estaba hablando con alguien, como reprochándole el porqué de su situación actual. Las enfermeras se acercaron varias veces llamados por ellos. Al llegar ahí, para su sorpresa, el sujeto se encontraba inconsciente efecto de las drogas administradas.

La otra habitación estaba disponible. Era utilizada para la atención de un solo paciente que requiriese un tratamiento más complejo. Dada las circunstancias y que estaba vacía, tuvimos que dejarlo ahí por unos días. Durante ese tiempo, me dedique a investigar acerca de su situación actual y pasada. Empecé a entrevistarme con él con la finalidad de poder descubrir el misterio del mal que lo aquejaba.

Le realicé una serie de exámenes para medir su condición mental. Al principio estaba renuente a realizarlas y se rehusaba a colaborar o a entablar conversación conmigo. Con un poco de paciencia e insistencia, logré convencerlo.

Los resultados fueron sorprendentes. Podría decir que esta persona estaba completamente sana, cuerda y hasta que se trataba de un genio. Sin embargo, su condición por alguna razón iba empeorando conforme pasaban los días. La noche del 21 me llamó del hospital una enfermera indicándome que el paciente había perdido el control y estaba teniendo otro episodio, destruyendo el mobiliario y atacando a las enfermeras.

Salí de inmediato hacia el hospital. Eran las 19:47 cuando entre en la habitación y encontré a Erkin Glenoe, semidesnudo, encogido en una esquina de la habitación, con el soporte de metal para las bolsas de medicación sacudiéndola como si tratase de defenderse de algo.

Trate de hacerlo entrar en razón, pero era imposible. No me quiso escuchar, poniéndose en pie y corriendo por la habitación hasta el otro extremo adoptando la misma posición en esa esquina. Su rostro era la viva expresión de una mente que estuviese atravesando por un terrible estrés, pudiendo asegurar que se encontraba absolutamente aterrado.

Me acerque y le hable lo más razonable que me fue posible, pidiéndole que me explique que era aquello que lo aquejaba y a que le tenía tanto miedo.

Se descubrió la cara mirándome con lágrimas en los ojos y su nariz chorreante en fluidos. Con voz entrecortada atino a decirme:

- El mundo…el mundo está llegando a su fin…-

Pensé por unos segundos en lo que decía y fue cuando caí en la cuenta de la fecha. Ahora entendía todo. El pobre hombre estaba aterrado por la supuesta profecía que hacía referencia a este día.

Trate de explicarle que todo eso era idea de un colectivo ocioso que solo buscaba llamar la atención para darle un valor a sus inútiles vidas, sin medir las consecuencias del pánico infundado que causasen en parte de la población, de aquellos que les prestan atención.

- No existe prueba científica que demuestre que algo malo vaya a suceder en nuestro planeta, solo está comprobado que nosotros mismos somos, como especie “dominante” que somos, estamos causando su degradación. Eso de por sí, si no lo corregimos y solucionamos, eventualmente traerá inevitablemente la extinción de la humanidad como la conocemos.

Voy a permanecer con usted durante esta noche para demostrarle que no hay nada que temer y verá que mañana todo seguirá normal, la vida todavía continuará y el mundo seguirá girando.-

Percibí un atisbo de agradecimiento en su mirada, pero no dejó la posición en la que se encontraba. Así que me acomode a un lado y decidí pasar la noche en esa habitación haciéndole compañía.

///

A la mañana siguiente, Erkin se encontraba en la misma esquina en la que se ubicó, pareciese como si no se hubiese movido durante toda la noche. Al menos desde el momento en que me quedé dormido.

Me puse en pie y me acerque para despertarlo. Mostrarle que el mundo seguía y nada apocalíptico había sucedido.

Lo primero que hizo fue mirarme, asombrado, que estuviese ahí delante de él, como si no esperase llegar a ver este día. Lo ayude a pararse y le invite a acompañarme para dar una caminata por el hospital. Salimos hacia los jardines. El sol brillaba desde muy temprano en lo alto sobre un cielo despejado. No era necesario ser meteorólogo para darse cuenta que hoy haría calor, augurando un día maravilloso.

Me quede mirándolo como caminaba temerosamente, incrédulo de lo que estaba viviendo en ese momento. Se acercó a los arbustos, los árboles y vio a las personas que empezaban a circular por la zona dirigiéndose a realizar sus labores del día.

- No ha sucedido nada, todo está bien. Seguimos aquí. – Le dije esperando alguna respuesta afirmativa de su parte lo cual me demostraría un avance en su mejoría. Me miró, y en su mirada humedecida se proyectaba las primeras señales de recuperación.

Ese día lo pasamos conversando. Me empezó a explicar de su vida, su historia y muchas otras cosas que hicieron de esta una conversación bastante peculiar. Me dio la impresión de que me estuviese contando muchas cosas para una sola persona y en cierta manera toda una serie de desventuras por las que había pasado, una vida que parecía demasiado larga. Y en un punto de su relato, por extraño que pueda sonar, sentía como si estuviese contándome parte de mi vida, puntos que hasta ahora se me hacen difíciles de conciliar.

Me encargue que le asignaran una habitación para que nuestro paciente se sintiera más cómodo y ayudase a acelerar su recuperación. Y realmente se recuperaba, dado que para las 15:00 horas ya hablaba tan lucidamente que dejaba en un lejano recuerdo su conducta de los últimos días.

Quede en reunirme nuevamente con él el día lunes para continuar evaluando su situación y definir la siguiente etapa en su tratamiento.

El día de hoy, lunes 24, recibí la noticia al llegar al hospital. Erkin Glenoe había desaparecido. Me dijeron que estuvieron tratando de comunicarse conmigo, pero que no hubo forma, mi móvil y fijo sonaba como fuera de servicio.

No hubo señal alguna en su conducta que hiciese sospechar lo que estuviese por hacer.

Al llegar a su habitación, la policía se encontraba realizando las investigaciones del caso. Me pidieron reunirse conmigo y pase el resto del día dando explicaciones y mostrando todo el tratamiento que se le realizó durante los días que estuvo internado.

Me encuentro exhausto y muy decepcionado. Las últimas dos horas me las he pasado en mi oficina recostado en el mueble en una especie de trance tratando de entender lo que había sucedido, buscando alguna razón o explicación. Es en ese momento que escucho un pitido largo y agudo, que se repite cada cinco segundos. Me siento y empiezo a pensar de qué se puede tratar. Al seguirle el rastro me doy con la sorpresa que mi laptop se encontraba en el suelo debajo de un mueble. Se encontraba muy dañada, como si hubiese sido golpeada varias veces contra algo. El pitido que escuchaba era la alarma de batería baja. Al abrir la cubierta, me doy con la sorpresa que en la pantalla se encontraba una ventana activa del reproductor de video y en ella, la imagen de Erkin Glenoe sentado en frente, en mi escritorio. Busque el cargador, limpie la pantalla lo mejor que pude. Se encontraba rajada, pero me permitiría poder ver lo suficiente para visualizar el video. Me senté y con un nudo en la garganta presione Reproducir.

- Doctor, lamento no poder estar ahí presente. Como le dije desde la primera vez que nos conocimos, tengo cosas muy importantes que hacer y no podía perder el tiempo. El final está próximo. Sin embargo, su buena fe me dio un cierto sentido de esperanza, haciéndome pensar que realmente estaba equivocado, que todo era idea de mi mente desequilibrada. Créame que roge al cielo mismo que de eso se tratase, me aferre firmemente a ese pensamiento suyo para seguir adelante. Más aún, al ver que nada sucedió el día 21, mi corazón se hinchó de alegría, me era imposible creerlo, llore de felicidad pensando que todo había sido solo un mal sueño… – Se ve una serie de destellos amarillo, naranja y rojo provenientes de la ventana. – Ese día me dedique a recuperar un tiempo valioso y conectarme con el mundo, con las personas, con usted. Ese día fui feliz después de mucho tiempo. Sin embargo, esa felicidad no estaba destinada a durar. Al día siguiente, después de pasar un día tranquilo, decidí dedicar ese tiempo en las cosas banales que me eran permitidas, y cuando más tranquilo me encontraba fue que todo comenzó. La tierra empezó a temblar y las luces en el cielo daban muestra del inexorable destino nos había alcanzado. Entonces entendí que habíamos cometido un terrible error. Un error de interpretación, un error de cálculo. El mundo tal como lo conocemos, estaría llegando a su fin hoy. Tal vez usted no se dé cuenta, tal vez el resto del mundo no lo haya percibido, pero así es, es una realidad, es mi realidad y es la de muchos otros. – Se oye un gran estruendo de fondo y todo parece sacudirse violentamente haciendo que Erkin caiga del asiento. Se pone en pie con dificultad y prosigue mientras toda la escena continúa vibrando. – Estoy cansado de esto, pero por muy increíble que suene esto es lo que me sucede, este es el mal que me aqueja y el motivo por el cual no podía decirle nada, es mi maldición, estoy condenado a ver como el mundo se destruye una y otra vez de diferentes formas y bajo diferentes conceptos; y no lo puedo evitar. No puedo salvarlo. Créame doctor cuando le digo que el mundo ha llegado a su fin muchas veces en lo que va de los últimos tres siglos. Y la mayor cantidad de veces ha sucedido en lo que va de este último siglo. Nadie toma en serio un mensaje ni mucho menos el contenido que este trae. Fiestas, bromas, celebraciones, aceptación de la inutilidad de enfrentarse al destino. Y cada vez que es destruido, ¿qué sucede?, ¡Nada!, todo vuelve a la normalidad, como si nunca hubiese pasado nada y todo quedó en el olvido o como un mito o leyenda... – Se empiezan a escuchar gritos de muchas personas a este punto, tan fuertes y terribles que se hace difícil escuchar lo que Erkin dice, teniendo que acercarse a la pantalla – Hay muchas de esas historias que quedan registradas en la mente de muchas personas, como si se tratase de un terrible sueño o una idea perturbadora en la mente de aquellos que no están en su sano juicio, o en algunos casos en aquellos que intentan escribir por su cuenta como si de una idea novedosa se tratase. Todo se traduce a una gran historia de ficción. Es parte de la gran ironía. Una de las más populares y aceptadas historias se encuentra en el libro más conocido y distribuido de todos los tiempos, haga memoria doctor, no la recuerda, ¿verdad? Todo empezó con un anciano pastor al que consideraron loco por querer crear un arca… – Se escucha una gran explosión. La laptop que utilizaba al parecer sale volando, todo se pone borroso por unos minutos mientras el ruido de la gran catástrofe continua. La voz de Erkin se escucha con dificultad, pareciese estar herido. – Tal vez sea solo una persona o miles o millones, pero nadie nunca presta atención al mensaje, la sociedad se ha vuelto más cínica y descarada, la vida cada vez es menos importante para lo que deparará el futuro sino para lo que te parezca el ahora, lo que uno mismo hace sin medir las consecuencias. Son tiempos de caos civilizado. Sálvese doctor, haga que su vida sea una que valga la pena hasta antes de la próxima y definitiva destruc….- un terrible ruido ensordecedor de grandes cantidades de piedra corta sus palabras y termina la grabación de forma abrupta.

Inmediatamente después la laptop que tenía frente a mi empezó a soltar chispas y humo, encendiéndose. Salí corriendo a traer el extintor para sofocar el fuego. Logré controlarlo.

No estoy seguro que clase de broma pueda haber sido esta, o si realmente se tratase de una, pero después de ver esto, me voy dando cuenta de que este hombre, Erkin Glenoe, posiblemente no estaba loco, sino posiblemente pueda haber sido la persona más cuerda que he conocido últimamente y estaba motivado por una misión superior, dar a conocer una verdad tan tangible y real que nadie quiere verla o simplemente deciden ignorarla. Dar un mensaje. Algunas cosas no fluyen de la forma que pensamos y vivimos con una venda de seda en los ojos por un camino que deseamos sea como mejor nos parezca. Vivir el ahora no te asegura que exista un mañana por el que preocuparse después.

Clínicamente, creo que estoy perdiendo el juicio…

***

jueves, 1 de noviembre de 2012

AMIGOS IMAGINARIOS (Cuento)


El pequeño Joshua es un niño muy tranquilo. Obedece a sus padres, realiza todas las tareas que le dejan en la escuela, limpia su habitación y saca a pasear por el bosque al pequeño Kasky, un perro chusquito que lo tiene desde hace un par de años. Le suelta de su soga para que corra y brinque mientras él se sienta bajo la sombra de un árbol que considera su lugar favorito en todo el mundo. A veces pierde la noción del tiempo mientras su mente divaga entre sus inocentes ideas viajando a diversos lugares en su pequeño mundo imaginario. Siempre he pensado que los niños tienen una inmensa imaginación capaz de construir mundos enteros de fantasía para su diversión, para su protección, para vivir, para huir, a pesar de las cosas terribles que puedan suceder en el mundo real. En cierta manera envidio y extraño esa inocencia, hasta que una realidad se mezcla con la otra y todo empieza a derrumbarse. Supongo que para ellos sería algo así como el monstruo del armario que les arrebata la felicidad.

Desde que lo conocí hace algunas semanas me dio la impresión de que tenía una forma peculiar de ver las cosas, una visión más allá de lo normal, que para los niños de su edad no era normal. Sus ideas empezaban serias y al final se tornaban extrañas y sombrías.

Sus padres, muy humildes como las otras familias en esta comunidad, le brindaban cariño y atención fervorosa, no solo por que se tratase de su único hijo, sino que de por si ellos también sabían que su hijo era especial. No especial en el mal sentido de la palabra, sino como si estuviese destinado a lograr algo más grande en su vida.

Yo llegue a esta comunidad aproximadamente hace dos meses. La suma de varias malas decisiones tomadas en los últimos años me obligaron a tomar una última que me exigía desprenderme de muchas ataduras. En ese momento, tome uno de los buses interprovinciales y decidí dejarme llevar donde el destino decida. Una fuerte luz roja me despertó. El bus había realizado una parada para hacer el cambio de conductor y recoger más pasajeros. Opte por bajarme del bus y quedarme en este lugar. Puñuy era su nombre.

Desde el primer día me pareció un lugar muy tranquilo, la gente muy amable aunque algo distraída, como si tuvieran la mente en otra cosa y en varias ocasiones debía repetirles lo que les decía para que me hicieran caso. Podría decir que eran algo lentos para entender las cosas o tal vez yo era demasiado difícil para hacerme entender.

Durante los siguientes días fui conociendo a la comunidad, a las familias que la conformaban y las actividades (pocas) que realizaban. Una de ellas y la principal al parecer generaba ingresos era la extracción de minerales en una mina informal, controlada por el mismo pueblo vendían lo que extraían para la subsistencia del lugar. Cuando intentaba obtener mayor información acerca de esto, hacían como si no me hubieran escuchado, ignorándome descaradamente.

Por la misma naturaleza de la actividad informal, los accidentes eran algo común. Muchos padres salían heridos, desde golpes, caídas, fracturas y hasta perdida de miembros. Eran atendidos y a los pocos días retornaban a continuar con su labor. La población adulta estaba abocada a esta labor, día, noche y en algunos casos los siete días de la semana o más, dejando a sus hijos solos durante esos periodos.

Es ahí que mientras buscaba alguna forma de subsistir me gane la confianza de la familia de Joshua y me ofrecí cuidar al pequeño a cambio de alojamiento y comida. Al principio me costó hacerme su amiga, dado que no estaba acostumbrado a tratar con otras personas. Pero conforme pasaban los días lograba obtener respuesta de las conversaciones que teníamos. Fue en ese entonces que me entere que tenía un amigo con el que siempre jugaba cuando iba al bosque con Kasky. Joshua no tenía muchos amigos en el lugar y al parecer se mantenía alejado de todos ellos y solo mantenía amistad con este niño que consideraba su amigo.

Me contó que no vivía en el pueblo y su familia lo había abandonado hace mucho tiempo. No tenía hermanos y alguna vez tuvo una mascota parecida a la suya. El pequeño había decidido buscarse un nuevo hogar y encontrar la familia que había perdido. Sonaba muy maduro para tratarse de un niño. Los padres de Joshua no sabían nada de este amigo del bosque y por lo visto tampoco quería que lo supieran. Para un pequeño de su edad que le gustaba aislarse era más que seguro que se trataba de un amigo imaginario producto de su enorme imaginación.

Ya que los niños eran dejados solos, dado que como mencione los adultos se dedicaban a trabajar en la mina, decidí empezar a conocerlos para tratar de relacionar a Joshua con amigos de verdad. Tal fue mi sorpresa al descubrir que todos los niños que vivían en este lugar eran hijos únicos. Más aún, muchos de ellos no se conocían entre sí y solo iban y retornaban de la escuela como si fueran robotizados. Conforme los fui conociendo me contaban que también tenían un amigo especial que los visitaba y con el cual jugaban. Claro que no todos los casos hacían referencia a un amigo en el bosque, sino por ejemplo un amigo que vivía en la casa abandonada de al lado. Conforme seguía averiguando la versión se iba poniendo más extraña ya que me contaban de su amigo que vivía en su techo o en la habitación vacía de su casa o debajo de su cama o en el baúl donde guardaban las cosas sin uso o incluso debajo de sus sabanas.

En todos los casos, siempre jugaba con ellos, pero la único que les hacia prometer era que nunca le contasen a sus padres de su existencia ni de las cosas que hacían. Como yo no era familia de ellos pensaron que era la excepción a dicha promesa.

Me enfoque en tratar de averiguar el origen de estos extraños amigos dejando de lado todo lo demás. Ese siempre es mi gran defecto. Me concentro tanto en lo que considero importante que presto nula atención a lo demás que sucede a mí alrededor. En esta ocasión la sorpresa fue muy preocupante cuando me entero que varios de los padres no habían retornado de la mina. Al parecer habían desaparecido por un derrumbe en uno de los túneles. Sin embargo, lo más extraño de todo es que el resto de la comunidad decidió continuar con sus vidas dejando de lado el incidente como si nada hubiera sucedido, no los iban a rescatar. No lo podía creer.

Hable con ellos, pero no quisieron hacerme caso, insistí hasta lo que me fue posible, pero nadie quería que interviniese. Regrese a la casa con una tremenda frustración, no podía creer lo que estaba sucediendo. Sin embargo, había algo más de lo que no me había percatado. Me dirigí a la habitación de Joshua, lo encontré llorando, mis temores se elevaron al máximo al empezar a atar cabos, sus padres tampoco habían regresado y posiblemente hayan quedado atrapados en el accidente.

Son esos momentos los que nos hace tomar decisiones poco razonables por el bien de algunos pocos, en este caso el de un niño triste.

Tome un de mis mochilas, prepare todo lo que considerase posible y necesario. Lo mire a los ojos y le dije que todo estaría bien e iría a buscar a sus padres, que no temiera, que todo estaría bien.

No fue difícil llegar al lugar, teniendo en cuenta que durante todo este tiempo no había tenido interés en visitarlo.

El lugar era terrible, como si una monstruosa boca se abriera desde la tierra en busca de devorar la vida de esta pobre gente. En su interior, una luz trémula hacia que todo fuera más temible, como si una fuerza infernal estuviese anidando a la espera de más almas que tragar.

Conforme me internaba en ella el calor del lugar me despojaba de la frialdad de la noche, avanzando y girando por los diferentes túneles que se extendían por el lugar. Y aunque no era tan extenso como me lo esperaba, mi sorpresa fue mayor al darme cuenta que en este sitio pareciese no haberse realizado ningún trabajo de extracción o perforación desde hace muchísimo tiempo. No había señal de herramientas, materiales, carros, equipos, absolutamente nada. Estaba prácticamente abandonado. Sin embargo, ¿quien mantenía las antiguas lámparas encendidas?

El lugar empezó a darme vueltas en la cabeza, a donde miraba solo veía roca y la débil luz naranja de las lámparas, todo empezaba a ponerse difuso hasta que mis piernas flaquearon desplomándome, respirando con mucha dificultad. Fue entonces cuando al encontrarme aturdida y en el piso, al mirar al final del túnel lo vi, vi a un niño sucio y desaliñado. Por la descripción de los otros niños entendí que se trataba del mismo con quien jugaban. Estaba ahí, en pie respirando agitadamente como si estuviese molesto portando un objeto amenazador largo y puntiagudo en su mano izquierda. No entendía completamente lo que sucedía, solo atine a sujetarme de unas sogas que colgaban de la pared y parecían extenderse por entre aros de metal, cruzando unos tablones de madera que se encontraban sujetos cual bigas por el techo hasta el final de ese túnel. Jale con fuerza para poder ponerme en pie, viendo caer las lámparas que se encontraban cerca, tierra empezó a caer del techo y un ruido terrible empezó a hacer eco en el lugar. Solo atine a correr para salir del lugar al ver que el techo empezaba a desplomarse. No sé cómo encontré la salida, solo caí y quede inconsciente por unos instantes. Al reaccionar me puse en pie y vi que el túnel de ingreso había colapsado, bloqueando el ingreso.

Me puse en pie y me dirigí al pueblo, no pensaba en otra cosas si no en llegar donde Joshua y abrazarlo.

Entre en la casa y fui directamente a su cuarto, ahí lo encontré arropado bajo las sabanas durmiendo. Me senté en el suelo y me apoye en el borde de la cama, llorando, tratando de reponerme después de todo lo sucedido.

Me quede dormida.

///

Estaba amaneciendo y a lo lejos el gallo cantaba, parecía tan distante, como si se tratase de un sueño del cual me estuviese despertando dejando atrás ese extraño mundo al que me interne anoche. Me senté en la cama y abrace al pequeño Joshua que aún se encontraba bajo sus sabanas.

Tal fue mi consternación al darme cuenta que bajo ellas solo había unos bultos, los cuales eran mis cosas que habían sido acomodadas de tal forma que dieran la apariencia de haber alguien. Salí rápidamente de la habitación y lo empecé a buscar por toda la casa. No estaba.

Salí fuera a buscarlo, golpee las puertas de las otras casas, grite por ayuda, busque a las demás personas a los otros niños. El lugar estaba vacío, como si nadie hubiese estado viviendo aquí desde hace mucho tiempo. No podía dar crédito a lo que veía, no entendía para nada que es lo que sucedía, hasta que algo me golpeo por la espalda con fuerza. Algo largo y puntiagudo, logrando atravesarme por la derecha a la altura de mí estomago.

Voltee para mirar quien me había hecho esto y al darme cuenta caí de rodillas. Era él, el amigo imaginario de los bosques con el que Joshua jugaba, con el que los demás niños jugaban, aquel que vi en la mina y dejar atrás mientras esta se colapsaba. Pero no entendía, no podía ser real y donde estaban las demás personas, donde estaba Joshua.

- ¡Todo esto es tú culpa! ¡Has destruido todo! ¡Todos mis amigos se han ido, Maldita! ¡Eres un monstruo! ¡Te odio! – Gritaba terriblemente mientras lagrimas surcaban su rostro abriéndose paso entre la suciedad de la tierra que la cubría.

Mi mente trató de entender lo que estaba pasando, el por qué del odio que sentía hacia mí. Fue entonces que aunque por muy increíble que parezca, caí en la cuenta de lo que estaba sucediendo. Nada de esto había sido real. Todo este tiempo había estado sola y todo el resto del pueblo había sido obra de su imaginación, tan fuerte es la imaginación de un niño que había sido capaz que todo lo demás fuese “real”, era su mundo de fantasía.

Tal fue el sentimiento de culpa que sentía al darme cuenta que me había convertido en el monstruo del armario que había destruido su mundo y matado a todos sus amigos imaginarios.

***

LEYENDAS SUBURBIANAS (Cuento)


1.-

Mis padres me dijeron que no debía salir mientras fuese de noche. Que una bestia terrible acechaba en la oscuridad. Vigilante. Esperando atrapar almas incautas que se aventuraban en la oscuridad de la noche para ser devoradas vivas.

-Esos son cuentos. Historias que cuentan los ancianos para que los jóvenes tomemos conciencia de nuestros actos y control de nuestros impulsos- Les respondía entre reproches y tonos elevados de voces ofuscadas.

Esta noche no podía, tenia cosas que hacer, y esas cosas tenían un nombre y unos ojos muy hermosos.

Escapé a la luz de la luna, entre los viejos arboles de fresno que conformaban la mayor parte del bosque que rodeaba el pueblo en el cual vivíamos.

Habíamos quedado en encontrarnos en la colina donde alguna vez estuvo el antiguo cedro donde fue colgada la vieja viuda Eremson, acusada de bruja. Después de ello, decidieron quemar el viejo árbol dado que corrieron rumores que el árbol transmitía terribles pensamientos en la mente de todo aquel cuya sombra se posase.

Así que me mantuve en ese lugar esperándola. Nunca llegó.

Con una mezcla de pesar y enojo regresé a casa. Tanto riesgo para nada. Mientras me encontraba a medio camino, logre vislumbrar una temible sombra que me estaba persiguiendo. En mi mente se atropellaron todas las cosas que me habían metido en la cabeza mis padres, aplastando mi sentido de la razón con la cual siempre les refutaba, dando pasó al pánico haciendo que mis piernas respondieran más rápido que los gritos que empecé a dar segundos después.

Aquella cosa, fuese lo que fuese, me perseguía y no se daba por vencida. Acelerar lo más que pude. Tropecé. Caí de plano en el piso cubierto de ramas secas y piedras. Me quede sin aire por un segundo y aturdido por el resto del tiempo que me tomó ponerme de vuelta en pie y continuar mi escape.

Logre ver las luces del pueblo que siempre quedaban encendidas durante la noche, que según la creencia era para frenar la entrada de la oscuridad del bosque al pueblo. Nunca fui tan feliz de verlas antes.

A escasos pasos de distancia, escuche la voz de aquella quien me dejase plantado en la colina de la bruja, gritándome que no regrese.

Eso era algo a lo que si iba a hacer caso esta noche.

Llegue a mi casa, empuje la puerta con fuerza y cedió fácilmente al primer esfuerzo. Cerré con gran fuerza la puerta, quedándome apoyado en ella, tratando de recuperar todo el aire que me fuese posible.

Puse todos los seguros que tenia la puerta. Incluso arrime el mueble de franela verde en el que pasamos tantas noches frente a la fogata con mi familia, mientras mi madre contaba las viejas historias que servían de advertencia a los jóvenes acerca de los peligros del mundo. Atranque firmemente la puerta.

Mi cerebro empezó a procesar lentamente lo sucedido, razonando lentamente con normalidad. Tantos años de escuchar estas historias una y otra vez me han vuelto asustadizo por cualquier cosa.

Agache la cabeza, riéndome de lo ridículo de la situación y de todo lo sucedido.

Tome el mechero y encendí la vela que siempre dejábamos en una pequeña mesa al lado de la puerta.

Fue en ese momento que cuando se iluminó el lugar observe la más terrible de las escenas. En el arco que divide la sala del comedor, se encontraban los cadáveres de todos clavados con grandes trozos de madera en las paredes, faltándoles pedazos en diferentes partes de sus cuerpos, como si se los hubieran estado comiendo.

Y en la pared una frase chorreante escrita en sangre que decía: “Hoy decidí quedarme a comer en casa. Lástima que no obedeciste a tus padres.”
  ***

sábado, 11 de agosto de 2012

DÉJÀ VU (Cuento)

Se despertó abruptamente y se puso en pie de un salto dirigiéndose rápidamente a su escritorio, golpeándose con su mesita de noche, de la cual cayó el puñal que compró hace algún tiempo para su seguridad. Encendió la computadora e inicio el procesador de textos. Hace tiempo que no tenía una idea interesante que escribir desde su última publicación.

Se tomó el resto de la noche, fue una historia extensa y enredada. Y en la prisa de no olvidarse los detalles, los escribió a lápiz en un papel para no perder la esencia de su sueño.

Una vez terminado, decidió descansar y tomar un par de días antes de presentarlo para su publicación. Necesitaba el dinero.

El jueves se presentó y entregó el borrador a la editorial. Se lo recibieron como siempre con gusto y le indicaron que lo llamarían para coordinar los detalles.

Esperó en casa pero no lo llamaban. Decidió llamar y la sorpresa fue terrible. Alguien más había presentado un relato muy parecido al suyo días antes. Se podría decir que era casi igual. ¡No podía ser!

Exigió le dieran los detalles de la persona, pero su política era no revelar la identidad de sus colaboradores.

Sabía cuál era la rutina que se seguía, así que decidió esperar hasta el día en que tenían que hacer el pago. Fue cuando dio con él. Lo siguió hasta un lugar donde podía desenmascararlo y enfrentarlo.

Fue en aquel callejón oscuro en que lo abordó. Su inconsciente le susurraba que algo extraño sucedía. Una sensación muy intensa. El sujeto llevaba una capucha que ocultaba su rostro.

Se le acercó por detrás, tomándolo por el hombro izquierdo haciéndolo girar para encararlo. Al descubrirse se dio cuenta que lo conocía, sabia quien era, pero nunca lo había conocido en persona, solo… en su sueño. Aquel sueño del cual escribió la historia por la que está en esta situación.

Él sacó el puñal que tenía oculto. Su enemigo sacó el revólver del bolsillo de su chaqueta. Todo estaba sucediendo tal cual el sueño. Y así empezó la lucha.

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Se despertó abruptamente y se puso en pie de un salto dirigiéndose rápidamente a su escritorio, golpeándose con su mesita de noche, de la cual cayó el revólver que compró hace algún tiempo para su seguridad. Encendió la computadora e inicio el procesador de textos. Hace tiempo que no tenía una idea interesante que escribir desde su última publicación.

Se tomó el resto de la noche, fue una historia extensa y enredada, pero se le hizo muy extraña. Y en la prisa de no olvidarse los detalles, los escribió a lápiz en un papel para no perder la esencia de su sueño. Aquel extraño sueño del cual tenía la sensación de haberlo tenido en ocasiones anteriores.

Esa sensación de Déjà vu demasiado intensa.

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PASOS COMPARTIDOS (Cuento)

Días atrás mientras regresaba a casa caminando por la avenida vacía a las tres de la mañana, mientras el frio arreciaba y la llovizna solo hacia más nostálgica la noche, pensaba en aquellas cosas que con el tiempo uno a tenido que dejar de lado, tantas personas que se han dejado atras. Buenas o malas, pero a la larga son cosas que suceden en esta vida tan variopinta y le enseña a uno tantas otras cosas, significativas o no, pero de las que algo se termina aprendiendo.

Y ahí estaba yo, caminando entre oscurecidas casas y edificios a la izquierda y un gran y antiguo lugar llamado hipódromo a la derecha, que al perderse uno en sus pensamientos, paso a paso con el tiempo de compañía, se hizo bastante corta en distancia.

Y llegando casi al final de este camino, se encontraba una amplia zona en construcción, quienes de día o de noche trabajan para poder culminar lo que ofrecen.

Fue en ese entonces que después de recorrer todo este camino iluminado solo por las mortecinas luces ámbar de los postes, algunas más potentes que otras, otras simplemente apagadas por las circunstancias, mientras continuaba caminando por la berma central por el camino de cemento mojado y oscurecido, escuche las pisadas de alguien que venía atrás de mí. Era notorio puesto que en la tranquilidad de esa hora y lo vacío de la calle, no había nadie al menos hasta lo que logré ver.

Pero tal fue mi sorpresa, que vi que a escasos metros de distancia unos zapatos rojos de tacón se acercaban a hacia mí. Sin embargo, eso no era todo el asunto, sino que aquello que los hacía moverse era un par de pies blancos, casi traslucidos que terminaban hasta la altura de los tobillos, como si se desvanecieran en el aire.

Me quede paralizado al verlos acercarse y detenerse justo en el bloque donde me encontraba detenido. Por unos segundos esperaron y continuaron su camino, resonando a cada paso que daban al golpear los tacos sobre el cemento. Fue solo hasta unos metros más allá, que se detuvieron nuevamente y volvieron a esperar.

Dado que yo no salía de mi asombro, uno de los pies se elevó ligeramente y empezó a golpear en el camino, tres golpes. Pasaron unos segundos, tres taconazos más, como si se estuviera impacientando y quisiera que me acercase o le siguiese.

Empecé a caminar con mucho temor, dirigiéndome hacia donde estaban, deteniéndome justo frente a ellos.

Fue entonces cuando escuche el ruido fuerte de la música del auto que venía descontrolado a gran velocidad por la avenida que le cruzaba a por la que yo caminaba. El auto entro a esta avenida, sus ruedas patinaron en la pista mojada y cruzó dando tumbos la berma central, atravesando por el lugar donde me encontraba detenido hace un instante. El auto atravesó la barrera protectora de la construcción e impacto contra una de las grandes maquinas que usaban para realizar los trabajos de remoción de materiales. La misma giro y dio directamente contra una de las grúas, el operador que estaba de turno de la impresión pareció verse afectado físicamente, un paro cardiaco me entere después, cayendo sobre los controles haciendo que los grandes bloques de metal que transportaba, fueran desplazados rápidamente y deteniéndose a la altura de la avenida. La inercia hizo lo demás, la plataforma se balanceaba describiendo círculos en el aire, los seguros que contenían los bloques se soltaron, liberandolos, cayendo en diversas partes de la calle donde me encontraba.

Sentí el impulso de salir corriendo de ahí, correr despavorido y salvar mi vida, pero cuando quise hacerlo me di cuenta que mis pies no se movían. Y al mirar a mis pies, vi que aquellos pies blancos enfundados en esos zapatos rojos antiguos de tacón ancho, se había colocado encima de los míos y no me dejaban moverme.

Me agache y me cubrí, solo podía hacer eso, sabiendo que eso no evitaría morir aplastado.

Al calmarse todo, escuchaba solo los gritos de los obreros cual murmullos a la distancia, me puse en pie y contemple que alrededor mío se encontraban los escombros y materiales caídos, quedando yo al centro de todos los destrozos.

Retrocedí tres pasos y camine como sonámbulo de vuelta a casa, mientras los obreros me preguntaban si me encontraba bien.

Hoy, mientras me encontraba arreglando y moviendo varias cosas que tenia guardada, sacos y cajas que hace mucho tiempo no movía, fue que escuche nuevamente ese ruido, ese golpear de tacos contra el suelo. Al mirar, contemple el par de zapatos rojos antiguos que vi aquella noche. Fue entonces cuando los recuerdos me impactaron uno tras otro en la memoria, tan violentamente que casi caigo inconsciente.

Eran los zapatos de mi madre, quien cuando estuvo viva, siempre hacia sonar contra el suelo sus tacos para llamar mi atención, especialmente cuando no le hacía caso. No pude contener las lágrimas y lloré.

En vida, siempre trató de llevarme por el camino correcto solo para cuidarme. Aun que en ese entonces no lo entendiera o me quejase de sus métodos, ahora, con el tiempo puedo entender a donde conducía todo esto. Incluso ahora, después de muchos años que ya no está con nosotros, continúa guiando mis pasos.
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